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Bronx: A más de un año de su desalojo. ¿Qué queda?

  • 7 jul 2017
  • 6 min de lectura

El 28 de enero del año pasado, la ciudad de Bogotá fue escenario de otro importante proyecto urbanístico y vanguardista en la hoja de vida del actual alcalde de la ciudad de Bogotá: la intervención de la “Calle del Bronx”, iniciativa que se suma a otros logros como la campaña ambiental que hace ya tantos años permitió la reforestación de la ciudad con la siembra de miles y miles de bolardos de concreto a lo largo y ancho de las avenidas, parques y hasta lotes baldíos en toda la capital (¡pa’ que no digan que no se sabe aprovechar el presupuesto público!).

Foto: Universal Prensa

El doctor Enrique Peñalosa Londoño, hijo ilustre de la ciudad capital (de los Estados Unidos, pues nació en la ciudad de Washington), por segunda vez nos ha honrado gobernando la ciudad de Bogotá y nos presenta otro de sus movimientos estratégicos, demostrando su capacidad de gobierno y conocimiento del funcionamiento de la ciudad. La intervención de la “calle del Bronx”, una acción sorpresiva propia de los manuales de historia de la guerra, en que las fuerzas del orden cercaron y tomaron por asalto la principal olla (expendio de droga) del centro de la ciudad, liberando a la ciudad del permanente riesgo de este foco de delincuencia y narcotráfico. ¿Cómo puede alguien poner en entre dicho la loable gestión del alcalde que construye una Bogotá para todos?

Hasta aquí las risas y el sarcasmo…

La operación adelantada el 28 de mayo del año pasado en la calle del Bronx (ubicado entre las calles 9 y 10 y las carreras 15 y 15a) demuestra que la lógica bajo la cual se viene gobernando la Bogotá de Peñalosa es propia de un país en medio de la guerra y de una visión elitista y violenta de entender la relación entre gobierno y gobernados. Intervenir de manera violenta e improvisada el Bronx generó muchos más problemas de los que resolvió, y deja en entre dicho si aquello que esperaba la administración local era encontrar una solución al expendio de drogas y la delincuencia en la ciudad, o simplemente trasladar un problemática lejos del centro.

El Bronx no era una olla cualquiera, además de ser uno de los principales expendios de droga de la ciudad, concentraba a más de 2000 habitantes de calle, fármaco-dependientes en su gran mayoría. Era además, el centro de operaciones de varias “bandas” o grupos criminales que se financian con el expendio de drogas, alimentando el micro tráfico en toda la ciudad, la prostitución de menores y mayores de edad, la venta de autopartes y demás artículos robados, entre otras muchas actividades ilegales. La población fármaco-dependiente y habitante de calle terminaba encadenada a través de lógicas de chantaje derivadas de su propia adicción, convertidas en carne de cañón y escudo humano de las bandas del Bronx.

Es cierto, que una olla de estas dimensiones operará en pleno centro de la ciudad, a la luz del día, a pocas cuadras de uno de los comandos de la policía de Bogotá, y a espaldas de un batallón militar, demuestra la grave situación de gobierno de la ciudad y la ausencia del Estado aún a una cuadras de los palacios de gobierno nacional y distrital. También es cierto que era urgente buscar medidas de intervención, en muchas dimensiones, social, económica, de atención médica y educativa, y no solo dentro de la calle del Bronx, también con el conjunto de la ciudadanía y con los demás habitantes de calle distribuidos por el resto de la ciudad. Pero asaltar el sector, desplazar a la población habitante de calle, incitar conflictos con los comerciantes y habitantes de sectores aledaños, y generar la distribución y reorganización de las bandas traficantes en nuevos emplazamientos, es por donde se quiera mirar, una salida improvisada e irresponsable, además de inhumana.

Después de más de una año, ¿se solucionó el expendio de droga? No. La mayoría de los “capos” de las bandas traficantes no se encontraban en el Bronx el día de la intervención (como si alguien les hubiera avisado), el golpe contra el gran tráfico del Bronx agudizó el desbordante problema del microtráfico, mucho más difícil de controlar o perseguir al estar disperso en muchos más puntos, es decir se trasladó el problema a otros barrios.

¿Se solucionó el problema de la población habitante de calle fármaco-dependiente? No, porque además de forzar su desplazamiento a muchos más lugares de la ciudad, complejizó la tarea de dar atención médica integral a quienes más la requerían. Pues ahora, desconcentrados y dispersos, son una población más difícil de atender. Además el gobierno de Peñalosa ha tirado por la borda las iniciativas adelantadas para atender a esta situación, tales como los Centros de Atención a Drogodependientes (CAMAD) creados durante el gobierno anterior. Por lo tanto, esta población, que ha sido históricamente discriminada, recae no solo en condiciones de fármaco dependencia, sino de vulneración de sus derechos siendo nuevamente invisibilizados, pues se los vuelve a considerar “gamines”, “desechables” y quedan por fuera de las cuentas y preocupaciones de la política distrital. Dispersos y sin atención médica especializada, todo el trabajo adelantado en crear lazos de confianza en las instituciones y de esperanzas en construir una nueva vida, se pierden agravando el problema.

Adicionalmente, el problema desbordó a la ciudad de Bogotá, pues la población habitante de calle no solo no se desplazó a zonas aledañas, sino que además la situación afectó a ciudades vecinas e incluso a algunas tan alejadas como Pereira. Las autoridades de estas ciudades reportaron un incremento en la población habitantes de calle, y se reportaron casos tan insólitos como el de camiones particulares transportando a los habitantes del Bronx y abandonándolos en carreteras y zonas aledañas a otros municipios.

¿Y la seguridad? ¿Se hicieron avances en este tema? Si con seguridad se está hablando de las calles que ocupaba el Bronx, pues ahora están cercadas por vallas de la policía día y noche, y la zona está siendo demolida para impulsar proyectos urbanísticos de los que tanto le gustan al alcalde Peñalosa y sus patrocinadores. Pero si a la seguridad de los Bogotanos y del centro en específico se refiere, pues no. En primer lugar, porque la población habitante de calle no es la primera responsable por actos de hurtos, asesinato y extorsiones entre otros, sino que son responsabilidad de bandas organizadas que no tenían directa relación con el Bronx o que de tenerlo simplemente se trasladaron como lo hizo el microtráfico. En segundo lugar, porque aquellos habitantes de calle que si están involucrados en alguna medida con este tipo de delitos, ahora se encuentran en otras zonas de la ciudad. No se solucionó el problema, se lo barrió debajo del tapete.

¿Que se consiguió entonces con esta intervención? Primero, despejar un área de la ciudad que hace parte de grandes y rentables proyectos urbanísticos (esos que promueven los patrocinadores de la campaña de Peñalosa), desplazando a la población vulnerable que lo habitaba, que siendo considerada como “criminal e indeseable” no fue tratada con un mínimo de dignidad y solo recibió de parte del Estado colombiano la muy conocida violencia con que este sigue funcionando.

Segundo, un punto mediático, pues el alcalde se presentó en los medios como el que estaba poniendo en orden la casa y limpiando la ciudad de focos de criminalidad y drogadicción. Pero por fuera de las pantallas de televisión, la improvisación se deja ver en las calles de los barrios de Bogotá que no salen en las noticias que ahora se echaron encima otro problemita más a aparte de todos los que le ha quedado grande solucionar a los gobierno de la ciudad en el último siglo. En lugar de solucionar un problema en toda su complejidad, el alcalde buscó la medida más visible e impactante en los noticieros a pesar de las consecuencias que esto término por traer a la ciudad de Bogotá.

La pregunta que queda es: ¿Si está es al “Bogotá Mejor Para Todos”, quienes son esos todos? ¿Quiénes son los todos a los que hace referencia el gobierno de Peñalosa?, tal vez todos los que financiaron su campaña a la alcaldía (los constructores, los vendedores buses rojos articulados, etc), o de pronto, “todos” son esa minoría que quiere recuperar la ciudad y su presupuesto (la platica) para sus bolsillos y proyectos empresariales particulares. Nos queda por ver cómo sigue adelantando su gestión este gobierno y que con que otra perla sale, además de la larga lista de medidas improvisadas, violentas y cuestionables, como privatizaciones, recortes de presupuesto a programas sociales, entre otras. Si este señor termina su periodo de gobierno, ¿Qué tanta Bogotá nos quedará a los demás?


 
 
 

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